16 febrero, 2007

Y un día, sus sonajas sonarán

Ni el sol, ni la hora, ni el día, impidió que cientos de personas con buen corazón se concentraran en la primera cuadra de la Av. Arequipa, el domingo 11 de febrero. ¿Para qué? Pues para cumplir una de las tareas más nobles a las que todos los seres humanos que vemos día a día la luz del sol estamos llamados: defender la vida del no nacido, la vida que sin ningún derecho algunos (o muchos) pretenden arrebatarle.

En realidad, todo empezó semanas atrás. Los preparativos, las convocatorias… el día se acercaba y hubo que comprar las sonajas, hacer los carteles, imprimir las gigantografías… y un día antes, la invitación pública a través de las cámaras de televisión. Para muchos, fue la primera marcha de su vida; para otros, una más. De lo que no hay duda es que la del domingo 11 de febrero fue una jornada que nunca olvidarán por la sensación de unidad ante el logro de una meta que nos animó en cada paso dimos.

La banda que marcó el paso de los marchantes lo hizo de maravilla. Las señoras con sus pequeños dieron el mejor ejemplo de que nada es excusa para cumplir un deber… y las sonajas se sintieron en los corazones de los curiosos que no entendían bien lo que ocurría, pero que, al ver los carteles alusivos a la defensa de la vida, intuyeron que algo bueno nos traíamos entre manos.

La próxima vez será mucho mejor… porque sabemos que, nuevamente, ni el sol, ni la hora, ni el día, impedirán que el doble –o triple, o cuádruple de gente, esperamos– se manifieste públicamente por aquellos que nunca pudieron hacerlo para proteger lo más preciado que todos tenemos… y por aquellos que, algún día, quisieran hacer sonar una pequeña sonaja.

María José Salazar Silva.

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