29 enero, 2007

Llámalo “mercy killing”, pero es matar



El campo de los problemas éticos es uno de los más fértiles en eufemismos. Como la realidad es dura y produce rechazo, es preciso encontrar palabras que la dulcifiquen, de modo que el concepto que encierran se acepte con más facilidad. Uno de los últimos fichajes es “mercy killing”, matar por compasión, con el que se presenta la eutanasia no sólo como algo posible, sino incluso como un deber moral. Los medios de comunicación son buenos vehículos para que ese nuevo lenguaje se acabe imponiendo.

No es este el caso del titular de The Sunday Times (5 de noviembre): “Doctores: dejadnos matar a los niños discapacitados”. Se informa de una propuesta del "Royal College of Obstetricians and Gynaecology" para que se pueda aplicar la eutanasia a recién nacidos con serias minusvalías. Como la eutanasia no está permitida en Gran Bretaña, lo que buscan es que “the mercy killing” de recién nacidos sea debatida en la sociedad, pues con ella se ahorrarían sufrimientos a los padres y dinero público. La propuesta ha sido acogida con entusiasmo por Pieter Sauer, co-autor del Protocolo de Groningen, que propugna la eutanasia neonatal en Holanda. Otros, como John Harris, afirman que en el fondo –siendo el aborto legal- qué diferencia hay entre matarlos antes o después.

También se han oído voces críticas, como la John Wyatt, neonatólogo en el University College de Londres, para quien con esa propuesta se cambia la naturaleza de la medicina y se la convierte en ingeniería social. Al final, observa, indicar quien merece morir o vivir acaba siendo una decisión subjetiva. “Animo -comenta con irónica amargura Eugenia Roccella en Avvenire de hoy-: estamos entrando en el terrorífico universo descrito en un viejo relato de ciencia-ficción de Philip Dick, Las pre-personas. Allí el autor imaginaba una sociedad en la que los niños eran considerados plenamente personas cuando eran capaces de resolver una ecuación de álgebra”.